Ane Ortega
RAPAZZEL
Había una vez, una princesa llamada Rapunzel, y un príncipe que la salvó. Pero el príncipe tenía tan mala memoria, que se olvidó de salvar también a Rapazzel, la hermana de Rapunzel. Ésta, tenía una melena tan larga como la de Rapunzel, vivía encerrada en una torre tan alta como la de Rapunzel, y esperaba ansiosa a que llegase el mismo príncipe que salvó a Rapunzel, para que la salvase a ella también, como a Rapunzel. Pero el príncipe no llegó. Rapazzel esperaba impaciente, pero el príncipe no llegaba.

Pasó largos días y oscuras noches esperando a que su príncipe llegase, pero aunque ella mantenía la esperanza de que lo hiciera, nunca llegó. Rapazzel estaba aburrida y, harta de esperar, y al no encontrar otra solución, decidió cortarse el pelo para poder escapar de la torre.
En cuanto bajó, sintió cómo la protección de la torre ya no estaba allí, y se sintió pequeña entre todas esas cosas que desde arriba parecían diminutas, pero que ahora eran más grandes que ella. Aún y todo, siguió adelante, buscando por todos los rincones a su hermana y al príncipe. Al final divisó un camino y, a lo lejos, vio cómo se acercaban dos caballos transportando a quienes buscaba.
La pareja estaba tan feliz y despreocupada, que no se dio cuenta de que alguien les espiaba desde los matorrales. Rapazzel, al ver al príncipe, se enamoró completamente de él, pero, al ver a su hermana, se olvidó de todo y, con un arranque de ira, se acercó a ellos, cogió a Rapunzel del pelo, y se la llevó arrastrándola hasta llegar a la torre, en la que la volvió a encerrar. Rapazzel volvió con su príncipe, pero estaba tan enfadada que le rapó el pelo para que viese cómo se sentía ella.
El príncipe estaba sorprendido. Nunca había visto tal fuerza y valentía en una chica. En cuanto vió lo increíble que era Rapazzel, se enamoró de ella. El príncipe le pidió matrimonio y ella aceptó feliz. Se casaron y tuvieron cuatro hijas, dos de ellas con un pelo larguísimo. Las cabelleras de Rapazzel y del príncipe volvieron a crecer. Mientras tanto, Rapunzel, que no estaba dispuesta a cortarse el pelo por tal tontería, observaba todo desde la ventana de su torre y esperaba a que un príncipe más listo que el anterior llegase y la salvase.