Itxaso Cabodevilla

UNA RANA EN MI CASA

Hoy a la mañana cuando he ido a desayunar, había encontrado una notita en mi armario. Era de mi mamá y decía que no abriera el armario. Esa nota era para mí por supuesto. Me llamo Fátima, tengo 6 años y me gusta curiosear las cosas de los armarios. Pero no sé por qué no me dejaba abrir mi propio armario; aparte estaba sola y nadie sabría lo que había hecho. Iba a abrir el armario pero antes me puse un embudo en la cabeza y una sartén en la mano por si acaso. Abrí el armario.

 

No había nada adentro, estaba completamente vacío, entre en él para revisar un poco, pero lo único que me encontré fue una rana con ojos saltones y una piel suave color verde y azul. Como no había nada más que mirar y también era muy bonita, la cogí y me la llevé a desayunar. Le di una tostada con mermelada de fresa y su piel cambió completamente, ahora era rosa. Cada vez que se movía cambiaba de color y se camuflaba. Como se movía tan rápido y cambiaba de color la perdí de vista. Más tarde se puso a saltar y a saltar y puso la casa hecha una pena. Al final la cogí. Mi madre me iba a regañar por lo ocurrido y pensé en esconder la rana donde la había cogido. Al abrir el armario para dejarla, había cientos y cientos de ranas más pero eso daba igual porque mi madre iba a volver y me iba a castigar.

 

Entonces deje la rana rápido con las demás para ordenar un poco la casa y justo cuando cerré la puerta del armario todos los problemas que había causado la rana desaparecieron y volvieron a la normalidad. La rana y yo vivimos felices y ella comió lombrices.

Mezurik ez, oraindik